Hace unos meses tuve un episodio de asma severo otra vez, temas de neumonía. Fui a dar al Hospital Casimiro Ulloa, un hospital de emergencias terrible, no sé si por la huelga de médicos, no sé si por la cantidad de gente que llega a atenderse.
Asumo que el ministro de Salud seguramente no se atiende allí porque el hospital esta para caerse en cuanto a atención y muy probablemente en cuanto a infraestructura.
A los 4 o 5 días tuvieron que pasarme a piso porque no salia del cuadro asmático, sin embargo el punto de esta historia no radica en mí, sino en lo que me encontré en ese piso.
La mañana de un día que no recuerdo estaba en una habitación de cuatro camas, yo miraba al techo cuando de una de las camas salió una voz amable hasta los huesos que me pedía encarecidamente que me abrigara la espalda debido a la cantidad de aire que entraba por las ventanas.
La voz era de Julia.
Julia es una heroína de verdad, una de carne y hueso que esta rellena de amor y esperanza. Compartimos cuarto por poco más de dos días en los que me di cuenta que estaba al lado de una grande. Julia respira con un pulmón y medio y cocina con dos grandes ollas sobre leña que ella misma enciende, que ella lleva y trae; y respirando el humo que alimenta a tanta gente y que ha comprometido si manera de respirar. Tiene más hijos de los que puedo contar con mis manos, un esposo bonachón que reniega pero la comprende y tiene un alma del tamaño de un país o quizás más.
Julia está en este hospital conmigo, ella está agradecida y yo estoy molesta con el mundo.
Ella dedica su vida a mantener un comedor popular en Villa el Salvador que provee de almuerzos a más de 120 personas entre los que se encuentran a rededor de 50 niños. Un comedor que es financiado por ella misma con lo recaudado en su trabajo. Julia trabaja vendiendo verduras en un mercado.
Ella levanta sacos de papas, ella corta kilos helados de carne, ella sirve al rededor de 150 platos de comida que se sirven en la mesa de su comedor que básicamente está hecho de maderas y plásticos por obra y gracia solo de Dios. Dios que debe quererla mucho y que día a día la ayuda a conseguir lo necesario para darle de comer a tanta gente con casi nada.
No es que a Julia le sobren los medios necesarios para hacer lo que hace, no es que ande agradecida con el mundo por la hermosa vida que tuvo y quiera retribuirlo al universo, no es que quiera ganarse el cielo. Es solo que ella está preocupada. Es que tienen un corazón tan grande en el que ella sola no cabe.
Cuando hacia mis preguntas al universo comprendí que no por gusto estaba Julia al otro lado de mi cama. Me dio tiempo de analizar que ella no tenía casi nada y lo estaba dando todo. Por eso me comprometí con Julia a llevarle una sorpresa a esos niños por los que ella se preocupa tanto.
Por eso te invito, querido lector, a que nos ayudes. En este pequeñísima campaña de amor no sólo a Julia, sino a los miembros de ese comedor por el que ella se preocupa tanto.
Nos hacen falta ropa para niños de entre 6 a 12 años
Necesitamos arroz, papas, carne y/o cualquier tipo de alimento perecible o no que pudiera ser donado
Nos encantaría poder contar con algunos juguetes para organizar LA FIESTA DE NAVIDAD.
Octubre 2014
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ACTUALIZACION (Publicación de Facebook)
30 de junio 2015
Hoy recibí la inesperada noticia de que Julita ha fallecido.
Quizás a pocos les interese pero quería contarles que Julia Cangigas (67) dirigió sola y sin ayuda el comedor popular Santa Rosa en Villa El Salvador al que asisten diariamente 100 personas. Ella cocinó a leña durante años para personas que aunque no eran parte de su familia ella quiso como si lo fueran. Producto de tanto humo, Julia tuvo innumerables problemas respiratorios hasta que terminó por consumir la mitad de uno de sus pulmones.
¿Tienes frío?, eso fue lo primero que Julia me preguntó cuándo nos conocimos en el Hospital de Emergencias Casimiro Ulloa. En el área de capitalización en el segundo piso del Casimiro las ventanas de poco más de dos metros estaban abiertas a la mitad de la noche, ella estaba preocupada por mí, por mi frío.
Hablamos durante todo la noche y me contó cosas de su vida y cosas a las que se dedicaba además de las cosas que quería. Me contó de su infancia nada soñada, de su juventud golpeada, de su matrimonio, de sus nueras, sus pulmonías, sus carencias y de sus niños.
Esos niños por los que se inhalaba a las horas indicadas, por los que tomó medicinas horrorosas, por los que escupió sangre, por los que aguantó el maltrato y aburrimiento del Casimiro Ulloa. Lo que ella quería era salir. Salir y ver a los niños que dependían de ella. No quería más que ayudar a 41 niños de su comedor popular a pasar una navidad mucho más bonita.
Cuando fui a visitar a Julia en diciembre para ver lo que se necesitaría para la Navidad la encontré cocinando encorvadita, la encontré lavando con tres neumonías, la encontré esperanzada y contenta. Ajena. Estaba esperando a los niños.
Por esas cosas del destino que algunos llaman Dios, buena vibra o coincidencia personas hermosas se cruzaron en mi camino para ayudarme a ayudar a Julia. Miembros de Sonqo Yanapaq se encargaron de organizar esta Navidad esperada y de hacer felices a sus niños. Lloró de felicidad.
Que grande Julia.
Me dicen que se fue el jueves.
Cuanta falta le hará a sus niños y cuanta falta le hará aun mundo como este. _________________________________
Estás son fotos de esa Navidad, gracias
CarmenSara Martinez
por tu enorme apoyo. Estoy segura que estuvo muy feliz.













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